"No podemos quitarte en un día la diabetes, pero sí te vamos a dar un día inolvidable"
La Fluor Moon Diabetes no empezó como un evento. Empezó como el problema de una familia.
En 2017, Justo Santana llevaba tiempo enfrentándose a algo que muchas familias canarias conocen bien: los sensores que necesitaba su hija pequeña, diagnosticada de diabetes siendo un bebé, no estaban subvencionados. Había que pagarlos. Y él y su mujer cambiaron su propio bienestar y sus vacaciones por poder hacerlo.
La pregunta que vino después es la que lo puso todo en marcha: ¿y las familias que no pueden?
Aquella primera Fluor Moon Diabetes reunió a 378 personas. Hoy, la noche del evento agrupa a entre 6.000 y 7.000 en la Avenida Carlos V de Carrizal, con las 2.000 inscripciones agotadas cada año.
Lo que cambió por el camino:
La Seguridad Social terminó cubriendo los sensores y las bombas de insulina. El motivo original de la Fluor Moon Diabetes dejó de existir y, en lugar de desaparecer, el evento creció hasta llegar a ser lo que es hoy, la convivencia de miles de personas en forma de lucha contra la diabetes y la ayuda a una temprana detección, además de la recaudación de fondos para causas benéficas.
Hoy comparten la calle asociaciones de síndrome de Down, de lucha contra el cáncer y colectivos que trabajan contra la violencia de género. Seguirá llamándose siempre Fluor Moon Diabetes, pero esa noche cabe cualquier familia que tenga un problema, sea la patología que sea.
Es una carrera, sí, pero lo que ocurre en Carrizal cada noviembre es otra cosa: miles de desconocidos que se reconocen entre sí durante una noche.